‘’…Y que tengáis muchos hijos, quince por lo menos. A los niños hay que criarlos como a los árboles: cuando brotan hay que ponerles al lado un palito para que sigan hacia arriba, si no se les guía acaban siendo unos mantas, como decimos aquí vulgarmente’’.
(Le tiembla la barbilla, y el habla, y detrás de los gruesos cristales de las gafas, unos ojos húmedos, que se ven pequeños por la graduación, nos sorprende).
¿Será este el fin? No podemos saber cuándo va a faltar una persona y, si pudiéramos, ¿qué haríamos?...
En principio, no íbamos a llorar por sentir que este año puede que sea el último, cada cumpleaños, cada navidad, o cada vez que la persona en cuestión hable flojito y para los demás haya sonado fuerte, para el corazón. Me refiero a los momentos clave que marcan la forma de ser de alguien y lo que nos hace sentir, en los mejores momentos. Ésta, seguramente, sería la parte buena.
Pero, por otra parte, ¿Se les harían muchos regalos, estaríamos siempre junto a ellos…? , no sería vida para nadie… Lloraríamos igual, o sentiríamos igual la falta, solo que nos despediríamos con más tiempo…
Las familias más ostentosas se gastarían todo lo que tiene para hacer grande el día de la ida de un familiar. Después a ellos no les quedará para vivir.
Las más religiosas, se pasarán el día rezando para que su llegada al cielo sea de la mano del San Pedro más amable. Mientras, la persona convaleciente reza por irse ya, las velas que sus familiares han puesto a su alrededor empiezan a quemarle los dedos de los pies, y nadie se ha dado cuenta porque todos miran abajo, rezando.
Las más humildes o campechanas, o normales, harán una comida casera, y charlarán recordando viejos tiempos en familia hasta que el alma esperada se vaya… Yo creo que ese sería mi estilo de morir, después de beber un buen gazpacho y comer unos huevos fritos con patatas, mojando sopones.
Sigo sin saber qué sería mejor, si saberlo o no, lo que sé es que cuando me toque, la gente sabrá que la quiero, aunque yo no se lo haya dicho. Siempre he intentado, y sigo intentando comprender a la gente, en la medida de lo posible. Y creo que en una mínima parte la gente lo agradece o reconoce, aunque sea en el subconsciente.
Yo no sé si esta será la última vez que nos veremos, pero desde que me he dado cuenta de que algún día no estrás, yo me he dedicado a hacerte fotos mentales cuando más sonríes, cuando más sonrío yo con tu forma de ser… cuando más voy a necesitar yo tu imagen cuando faltes.